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jueves, 23 de enero de 2020

¿Hasta cuándo?


I
Me indigna que muchos hombres abusen de su condición para agredir y hasta matar a una mujer. Ya he tocado este tema en un artículo anterior (Demasiados errores para un solo caso 14/6/18), pero me doy cuenta que no ha cambiado nada desde entonces. No hay día donde tengamos que escuchar lo mismo, como si se hubiera hecho una costumbre entre nosotros, que ya ni sorprende. Lo llamativo sería que no pasara. Pero sucede. Y mucho. Tipos que se masturban al lado de una joven dentro de un bus lleno de pasajeros, individuos que golpean salvajemente a una mujer saliendo de un hostal, sujetos que insultan y ofenden a sus cónyuges delante de sus hijos… en fin, una larga lista que me faltaría espacio para enumerar. Y lo peor de todo es que somos tan indiferentes, no actuamos en su momento y solo lo hacemos cuando ya es demasiado tarde. Acuérdense de la chica que encaraba al viejo pajero mientras lo grababa desde su celular, y la gente a su alrededor y el mismo chofer se hacían de la vista gorda (al día siguiente el sátiro fugó del país); o esos policías que no reaccionaron al llamado de auxilio de una mujer que estaba siendo atacada por su pareja, que luego moriría junto con sus tres pequeños hijos. ¡Y la comisaría estaba a una cuadra de su vivienda!

¿Qué ocurre en la cabeza de un hombre? ¿Qué lo lleva a menospreciar la vida de otro ser humano? Es una señal de que el tiempo de la tribulación ha llegado y, por selección natural -como diría Darwin-, ¿estamos predispuestos a aniquilarnos por mantener en equilibrio la especie sobre la tierra? Creo que un diluvio o la caída de un meteoro sería la solución. No hay nada peor que el maltrato a una mujer, a un niño o a un animal.  Los niños son los que corren la peor suerte, porque pierden a una madre y a un padre, porque este tiene que ir preso. No estamos seguros. Ahora matan por un sol, por un celular o la llave de tu camioneta si te pones sabroso y no quieres entregarla. Y lo que llama poderosamente la atención es que el gobierno y las autoridades no parecen hacer nada por remediar la situación. Tal vez esperan que un Charles Bronson o un Frank Castle ande por ahí haciendo el trabajo que los otros no pueden. Sería genial, pero nos convertiríamos en Silverado o Tumbstone, y aquí ya no hay sheriff que haga valer su placa para impartir justicia como el viejo oeste.

Las leyes están hechas para cumplirlas y hacerlas cumplir. Ante una inoperancia de las autoridades que benefician más al victimario que a la víctima, la cosa no va a funcionar como queremos. Si el congreso y el poder judicial hicieran su trabajo, no tendríamos que soportar más violencia dentro y fuera de nuestras casas, viviríamos civilizadamente y no convertiríamos Lima en una enorme jaula que cada vez nos está aislando de nosotros mismos.

II
La muerte es un hecho inevitable dentro del ciclo de la vida. Hay que tomarlo con naturalidad, porque de todas maneras vamos a pasar al limbo del sueño eterno y no hay tiempo ni para pensar qué terno o vestido nos pondremos cuando me metan al cajón. Lo que sí escapa de nuestras manos es morir fortuitamente, tal vez un accidente de tránsito, una explosión o un desastre natural, ya son cosas mayores que vienen de un momento a otro y que nadie está libre de sufrir. Pero si es adrede, con alevosía, con premeditación, estamos hablando de un crimen que debería pagarse con penas más justas y feroces. Sabemos que eso no hará disminuir los índices de criminalidad; seguirán existiendo las malas semillas que quieren vivir y quitarle los bienes a los demás fácilmente. Como no pueden trabajar en un empleo normal, prefieren delinquir sin importarle la vida de los demás; solo les interesa lucrar y convertirse en los Tony Montana de su generación. Como dice el refrán, “Si a hierro matas, a hierro mueres”, es la consigna que estos imbéciles toman al pie de la letra, porque han creado una mística a su alrededor que tienen que irse de este mundo bajo su propia ley.

Una vez más, las autoridades no parecen hacer su trabajo; es más, creo que hasta se benefician de estas lacras porque pueden cobrar cupos a su antojo y dejarlos que sigan distribuyendo su franquicia alrededor de la ciudad. Negocio redondo. Todas esas redadas quedan para la foto, para los noticieros, para que el público diga que se está atacando al crimen organizado sin sospechar que a las pocas horas son puestos en libertad “por falta de pruebas”. Que me desmientan si no reciben coimas o amenazas de muerte para su mujer e hijos si no son liberados de inmediato.

Los sicarios han abundado a lo largo de la historia. El término proviene del nombre en latín de la daga o espada corta, la sica, utilizada por los asesinos a sueldo porque era fácil de ocultar bajo los pliegues de la túnica. Cuando encontraban a su víctima les cortaban el cuello o los apuñalaban sin levantar mucho la atención, solo hasta que el público veía al desafortunado desangrarse frente a sus narices. Como dije, al mismo estilo del viejo oeste, ya no son pistoleros a caballo, ahora disparan a quemarropa subidos en una moto, sin dudar ni importarles cuántos daños colaterales se llevan en el camino. Es un cáncer difícil de extirpar, mas se puede controlar dando con los asesinos y declararles la guerra, sin miedo, sin política, sin leyes que frenen dicha iniciativa, siempre y cuando haya la suficiente convicción para hacerlo. Sin duda que, aquella frase líneas arriba: "Si a hierro matas, a hierro mueres", es la única manera de sacarlos de las calles.

III
Estoy siendo demasiado contestatario sobre el tema. No hay otra forma de frenar la delincuencia y la violencia de nuestra sociedad. Mucha gente pide a gritos que se haga algo al respecto, pero a nadie parece interesarle, solo debatir el alza de popularidad de Salvador del Solar o si Alianza Lima va a contratar a tal o cual jugador. Necesitamos una reforma que beneficie tanto a la gente como a las instituciones, que solidifique la tan mentada y manoseada democracia, que solo existe en el diccionario de aquellos que quieren hacer política y que tildan de comunistas a los adversarios sin sustento ni ideas sólidas que los justifique como la mejor opción. Los incas hacían cumplir la ley así hayas robado un kilo de quinua o un simple choclo. Ama Sua, Ama Llulla, Ama Quella no son términos gratuitos ni tampoco una definición de lo que queremos para nuestras futuras generaciones; pero si de algo tenemos que cogernos para aplacar ese cáncer, volvamos los ojos al pasado y saquemos algo en limpio, que para eso nos ayuda la historia.

domingo, 30 de abril de 2017

Cómo ser padre sin tener hijos

Hace poco dejé de trabajar y estoy más tiempo en casa, por lo que paso todo el día jugando con mis sobrinos (aunque en realidad son mis primos; pero es una historia larga y no es el tema de este post). Ellos me alegran el día y trato de alegrarles el suyo. Desde que llegaron a la casa, cambiaron en mí la percepción que tengo de los niños y cómo convivir con ellos. No tengo hijos, así que para cualquiera resultaría contradictorio saber encausar esas energías hacia un niño. Yo diría que es un grato aprendizaje para cuando sea papá. Vamos, siempre he sido el tío favorito de mis sobrinos y sobrinas, en especial estas últimas. Tengo carisma y ese ángel que algunas madres han reconocido como "el padre perfecto para mis hijos" o "Vas a ser un buen papá". Soy juguetón, es la característica que me define. Un Peter Pan de jodidas intenciones, como alguna vez dijeron de mí, pero de buen corazón.

Gánate su confianza

Una de las cosas que he aprendido al tratar a un niño o niña para que te haga caso, es que debes ser ni demasiado duro ni demasiado blando. Hay que buscar el equilibrio entre las cosas buenas y malas, y canalizarlas hacia un mejor entendimiento que resulten de tus medidas disciplinarias. Con el varoncito me ha tomado tiempo entender que el macho alfa es una estupidez (refiriéndome a su padre). Ser macho alfa es una manera facilista de encarar los problemas, por falta de argumentos convincentes con el fin de someter a la manada por la fuerza. Yo me considero un macho omega, porque de esa manera observo desde afuera las fortalezas y debilidades del individuo como hijo, hermano, amigo o padre. La niña, en cambio, como aún depende de las atenciones maternales, aprende desde sus tiernos dos añitos a diferenciar lo bueno de lo malo sin dificultad. Con un solo NO, es capaz de comprender que lo que está haciendo es incorrecto, y se le aplaude cuando es lo contrario.

Hay que hablarles con un tono neutro, conciliador, sin alzar la voz ni fruncir el ceño, ya que lo único que consigues es que se rebelen y no te hagan caso. Yo veo a otras personas que pierden la paciencia con su hijos cuando cometen una travesura o causan desórdenes típicos de un infante. Tal vez porque no están cerca de ellos la mayor parte del tiempo por el trabajo. Hay que ser práctico. A mí me quieren porque cuando llego de trabajar siempre tengo tiempo para ellos, juego y me preocupo por las cosas que me muestran. El caballito se ha vuelto una rutina imprescindible en la casa. A él lo llevo sobre mi espalda y a ella en brazos, de un lado a otro hasta que el cansancio se apodera de mí. En otro momento, la niña quiere encender y apagar la luz de todas las habitaciones. La alzo como si caminara en la pared hasta el interruptor más próximo, mientras me repite "La lush... la lush".

Así son todos los días. Han creado en mí una imagen paterna (que no me corresponde, obviamente, sin desmerecer las atenciones de su padre, a su estilo y estado de ánimo ambivalente), que desde entonces puedo tener cierta autoridad al llamarles la atención cuando se requiere. El secreto es ganarse su confianza. Cuanto más apegado estés con ellos, es más fácil que te escuchen.

El niño interior

Tener alma de niño no significa ser inmaduro. Como lo dije al principio, me he ganado el reproche de algunos y otros pocos ya ni me toman en serio. Me gusta jugar con los niños, los hago reír al inventar juegos; literalmente me ensucio la ropa a su lado, los persigo como el lobo que se quiere comer a las ovejas o los cojo de una pierna y los llevo arrastrando por todo el pasillo, aprovechando el piso recién encerado. Y me piden que lo repita, porque les encanta. Y si no lo hago, me exigen hasta convencerme. También los levanto y hago que vuelen como un superhéroe. Y, bueno, cuando les vence el sueño, es una tarea cumplida y su madre me lo agradece a mares. Si hacemos ruido o nos tiramos al suelo muertos de la risa, la abuela es la primera en protestar. "Tremendo viejonazo", dice.

No hay que quitarles el gusto por el juego. "Estoy ocupado", "más tarde", "ahorita no", son las frases que utilizamos para dejarlos de lado y quedarnos en cama viendo la televisión o abriendo una lata de cerveza. Gánatelos, es la clave. Dales prioridad, demuestra que les importas.

Aprendiendo las vocales

Los fines de semana, en especial los domingos, tengo tiempo para ellos hasta decir basta. No casi siempre, así les doy oportunidad a sus padres de estar con ellos y compartir los mismos gustos que les he ido inculcando. En las mañanas, después del desayuno, tiendo a leer el periódico y finalmente llenar el crucigrama. Por inercia o costumbre, los chicos se sientan cada uno en mis piernas. Primero les canto "Vamos de paseo, cuí-cuí-cuí, en mi auto nuevo, cuí-cuí-cuí", mientras los hago saltar desde sus cómodos asientos. Habiendo ganado su atención, como cosa de juego, les voy deletreando las palabras que ven en el periódico. Les explico qué consonante o vocal lleva tal o cual palabra y aprenden a pronunciarla. La niña es más hábil, ya sabe contar hasta diez.

Cualquier documento es útil para estos casos. El niño ya está en la edad del cuaderno para pintar y diferenciar los colores a utilizar, así como los cubitos de letras para armar palabras. Sin exigirle, solo como un juego, hasta que le coja el gusto. Ya va al nido y eso como que le está enseñando a ser más organizado. La niña está aprendiendo más rápido porque imita a su hermano; pero también hay que tener en cuenta que muchas de las cosas que está aprendiendo aún no las comprende del todo y se basa solo en la imitación. Pero su habilidad, como ya dije, le permite captar todo de inmediato, como los números y algunas vocales. ¡¡Hasta baila el Shaky Shaky!!

A los quince ni se acordarán

Verlos crecer y seguir sus pasos en esta vida, nos compromete a mejorar como personas. Hay que darles mucho cariño y velar por las cosas que necesiten, mientras sean niños. No siempre estaremos cerca de ellos, no siempre tendremos la misma disposición anímica para atender sus exigencias; si hay que hacerlo, pensar primero en sus necesidades. Lo nuestro puede esperar, tan solo unos minutos.

Sin embargo, está claro que en algún momento de mi existencia tendré que formar mi propia familia y a mis hijos inculcarles los mismos preceptos como lo he venido haciendo con estos pequeños. Ellos seguirán al lado de sus padres y tendrán una educación digna de respeto. Si el momento fuese propicio, sin duda que estaré ahí. Nada más espero que, cuando alcancen la mayoría de edad, se acuerden de mí y no sea un lejano recuerdo del cual tener que explicar en algún almuerzo dominical. Mientras dure, daré todas mis energías a desarrollar su motricidad, razonamiento y las ganas de seguir jugando con su tío juguetón.

viernes, 8 de junio de 2012

Una noche larga y brumosa

Los pasos crujían sobre el viejo piso de madera. El eco se escuchaba a lo largo del pasillo, oscuro y desprovisto de vida desde hacía muchos años. Hacía falta tener buena visión para atravesarlo, sorteando telarañas y polvo impregnado en sus rincones. La casa era una de esas que abandonan a la mitad del camino, dejando que el paso del tiempo se encargue de exterminarla a vista y paciencia de aquellos que desconfiaban de su soledad. También era escenario recurrente de jóvenes en busca de emociones y tentaciones corpóreas, lejos de la vista de sus padres o del viejo cura de la parroquia, que cada domingo señalaba sus pecados con una serie de palabras huecas y repetitivas. Para ellos era natural explorar el lado oculto de la luna, ansiosos por descubrir nuevos mundos y nuevas formas de expresar un antiguo gusto por la carne tierna. Ni qué decir de las largas sesiones de ouija, que nada era como lo pintaban los excéntricos, llenos de mitos y maleficios solo aptos para débiles de mente.

Esta noche era diferente. Ellos lo sabían. Habían preparado esto toda la semana y era el momento propicio para sacar adelante el plan. La luna estaba en su máximo esplendor y las ansias por invocar a los espíritus no amilanó a nadie. Entraron en silencio, sin evitar el estruendo de la madera apolillada y el susto que ocasionaba la energía que gravitaba en el ambiente. Se sentaron en el suelo, formando un círculo humano en medio de lo que antes fue la sala principal. Lo único que daba fe de ello era la lámpara que colgaba sobre ellos, aún con sus cristales ornamentales envueltos en una capa de polvo y telarañas. Colocaron el tablero a sus pies y el pequeño vasito que guiaría la charla con el más allá. Todos pusieron sus dedos sobre él y empezaron con las preguntas. No hubo la respuesta esperada. Intentaron de nuevo. Era necesario prestar mucha atención a los detalles y evitar que lo obvio sea contradictorio a sus propósitos. El silencio era tan profundo que sintieron cómo se les erizaba la espalda. El resplandor de la luna que ingresaba por las ranuras de una ventana tapizada con bloques de madera, dejó de iluminar el salón. Un vaho frío invadió la estancia y cada uno observaba cómo su aliento se reflejaba ante cada jadeo tanto de frío como de miedo.

Ninguno quiso proseguir. O tal vez era una fuerza desconocida que no dejaba que movieran el vaso. Estaban petrificados. Cualquier cosa podría suceder. El más listo de todos ellos alzó su voz de protesta contra sus camaradas y les alentó a que siguieran con el juego, que cada vez estaba más enrarecido por la poca visibilidad. Despejados un poco del temor inicial, uno de ellos encendió una vela. Sin embargo, no se percataron que algo o alguien había dibujado un pentagrama debajo del tablero ouija. Ni siquiera el más listo de todos ellos pudo explicarlo. Quizá ya estaba allí, como supusieron, y gracias a la luminosidad de la vela se pudo notar mejor que con la luz de la luna, que estaba oculta tras las nubes negras que presagiaban una lluvia descomunal. Pero nada indicaba que habría una noche húmeda. Ni el viento parecía con ánimos de salir. Y volvieron a intentarlo. La pregunta era simple, sin mucha ceremonia. Al parecer, a nadie le importaba responderla, si es que había alguien del otro lado de la realidad que quisiera hacerlo. Dejaron por un momento el juego y bebieron un poco de ron para calentar los cuerpos. El descontento se dibujaba en sus rostros y estaban a punto de claudicar cuando vieron que el vasito se movía sin que ninguno de los presentes lo estuviera manipulando. Lentamente, se posó en la palabra SI. El pavor y la algarabía, mezcladas con una sensación de expectación, invitó a los participantes seguir con las preguntas.

¿Cómo te llamas? Como si el propio vasito los guiara, deletrearon cada letra que iba armando la respuesta: B-R-A-U-L-I-O. ¿Qué edad tienes?: 8. ¿Qué te pasó?: M-E-C-A-I-D-E-L-A-S-E-S-C-A-L-E-R-A-S... E-L-L-A-M-E-B-O-T-O. Silencio. Se miraron a la cara, paralizados por dicha revelación. Un crujido proveniente del segundo piso los puso en alerta. Miraron hacia las escaleras, amplias, talladas a mano y de estilo republicano. Un olor fétido despedía de ellas. La ouija empezó a moverse, dando brincos y levitando sin control. Calma. Silencio. Expectación. Una risita de niño los asustó. Pisadas de alguien que corre descalzo, sobre ellos, que retumba el techo. La lámpara se sacude. Quieren subir a ver, pero algo los detiene. No se atreven a moverse. El más listo es valiente y se apresura a ser el primero en tener contacto con el más allá. Sube, ayudado por un encendedor que ilumina su ascenso. Las pisadas cesan. No hay respuesta del listo cuando le preguntan si todo andaba bien. Silencio. ¡Qué desesperante! ¿Qué habrá pasado? Desde abajo, gritaban su nombre sin hallar respuesta. La ouija volvió a temblar y el vasito con vida propio empezó a deletrear: E-S-T-O-Y-A-Q-U-I-S-A-Q-U-E-N-M-E. ¿Eres Braulio?: NO. ¿Entonces, quién eres? Un grito sordo, una caída, un leve temblor. Los jóvenes corrieron hacia la salida, pero se detuvieron pensando en su amigo perdido. Recobraron la calma y decidieron subir. Fue la última vez que supieron de ellos.

La casa sigue tan solitaria como se le conoció desde siempre. A veces, el vigilante cree ver una luz de vela rondar a través de las ventanas tapiadas de madera. No le presta atención porque sabe que los jóvenes del vecindario hacen sus diabluras típicas de la edad. Lo que no se percata son las varias manos que golpean la ventana del segundo piso, suplicando desde el más allá que los liberen de su castigo. 

lunes, 2 de enero de 2012

Lo que ELLOS quieren

El hombre se ha caracterizado por ser una especie práctica e insatisfecha, con deseos de conquistar el mundo bajo su singular objetividad. La mayoría ha sabido innovar las convenciones de estilo bajo sus propias reglas de juego en sus respectivos campos de acción. Los grandes cerebros han sido siempre hombres, dedicados incansablemente a cambiar el rostro de la civilización, para bien o para mal. Sin embargo, tras conseguirlo, ha sido el primer depredador de su propia rama evolutiva, con ansias de enriquecerse de cuanto pueda su mano coger. Pero no estoy hablando de eso, quiero dejar la política a un lado. Me interesa descubrir lo elemental de un hombre sobre sus necesidades básicas de socialización, de persona, de individuo. El mundo está poblado de un hombre en particular, que muchas veces se distingue por sus aptitudes y actitudes frente a la vida. El homo sápiens que bajó de un árbol y caminó erguido para luego usar una camisa Tommy Hilfinger.

El hombre, por naturaleza, es competitivo. Es un conquistador nato. Desde la infancia le insertan en su cabecita lo que debe hacer: lo programan para quitarle terreno al que pueda hacerle sombra, agigantan su autoestima para no dejarse pisotear por ningún bravucón, le enseñan tres técnicas para golpear a su oponente, entre muchas otras estupideces. En el fondo, es programado para ser inseguro y falto de cariño hacia los demás. Y si se trata de mujeres, puedo asegurar que son los campeones del floro y la desfachatez por lograr convencer a la "hija del granjero" a que se acueste con él. Y si uno tiene una mujer bonita a su lado, la envidia los hace buscar a una compañera mucho más bonita, a no ser que se la quiera quitar. Es más probable que ocurra esto último.

La moda es otro factor importante en su habitual estilo de vida. No pueden evitar comprarse el auto del año, los lentes para sol Gucci o el smartphone de última generación, solo para impresionar a sus conocidos. No tiene con qué pagarlos, pero se las ingenia para costearlos. La presencia es lo que importa. Las relaciones sociales no escapan de su inversión, codeándose con gente que ni siquiera sabe quiénes son; pero no puede negar que su encanto natural le abre las puertas a donde sea. Como el vividor, que nunca puede tener otra excusa mejor empleada que la de "haberse olvidado la billetera"; o se buscan a una fulana que no le importa pagar ella las cuentas porque sabe que el tipo vale varios quilates en la cama, y ahí no tiene pierde.

Pero qué pasa con ese hombre honesto, trabajador, simpático pero nada del otro mundo, que se esmera por caer bien a los demás sin tanta mermelada encima. El que vive de su sueldo y a la vez mantiene a su familia disfuncional. Consigue ascender de puesto por su constancia y dedicación, pero demora más en escalar los peldaños que aquel que se las sabe todas. Finalmente, es quien tomará las riendas de la empresa más adelante, cuando tenga 50 o 60 años, mientras los otros ya estarán jubilados con una cuantiosa fortuna en sus arcas, disfrutando de cruceros y viajes exóticos por hermosos parajes tropicales. Nuestro joven honesto tiene dos opciones: o ponerse las pilas para ser alguien a corto plazo, o simplemente seguir confiando en la fe de las personas. Una cosa sí es segura: la lealtad no te da de comer.

Pero, ¿qué quiere realmente un hombre? No se trata solo de dinero, posición ni de sexo. Necesitan amor y comprensión. Las mujeres, por un lado, sienten la necesidad de tener a un hombre seguro de sí mismo; por otro, a un huevón que las complazca en todo. El hombre no merece mejor suerte que tener a una mujer con sus mismas necesidades afectivas, porque son humanos, tienen deseos como cualquier otro; sin embargo, no saben cómo canalizar esa carencia, solo lo proyectan comprando cosas y endeudándose hasta más no poder.

Un hombre no es solo una máquina de follar. No es un cajero automático. No es un hacedor de milagros ni nada que se le parezca. No es un psicólogo que escucha los lloriqueos de su mujer sin que pueda opinar del asunto. Es simplemente un ser humano, un tipo con sueños, ambiciones y deseos, que busca sentirse bien consigo mismo y con los demás. A veces es acusado injustamente por algunas actitudes que asume, como tomarse un trago con los amigos, jugar un partidito de fútbol o simplemente ver en la TV su programa favorito, porque quiere relajarse y descansar. Pero son atacados sin misericordia porque creen que pueden estar en todas. Y no es así. El hombre necesita su espacio, al igual que la mujer cuando sale con las amigas y pierden el día parloteando en el gimnasio o en la peluquería o probándose vestidos y zapatos que nunca van a comprar. El hombre no es de tomar el té alrededor de una mesa un sábado por la tarde, pero tampoco se puede negar que hay hombres que son hogareños y prefieren estar con su familia viendo la colección de Star Wars con su hijos, que salir al Burger King más cercano expuesto al tráfico y a la locura de la gente. Eso se ve muy mal. No es de hombres. O eres insensible, o eres gay, pero nunca puede llamarse a eso ni "hogareño" ni "precavido" ni "familiar".

Hay hombres juguetones, que aún llevan dentro al niño que todos quisiéramos tener. Son divertidos, amenos, carismáticos. El amigo con el que podemos pasar un momento placentero y lúdico. Son de esos que no se les toma en serio porque no se sabe si lo que dicen es cierto o es solo una de sus acostumbradas ocurrencias. Son de esos que no consiguen citas fácilmente, son de esos que se enamoran de la compañera de al lado en el trabajo y no son capaces de decírselo ni siquiera cuando se quedan solos hasta altas horas de la noche revisando una documentación que urge entregar a tiempo. Las mujeres no quieren un niño, quieren un hombre, eso está claro. Todas buscan al "Marlboro Man" o al Mickey Rourke de sus comienzos. Ven la superficie, mas no el interior.

El hombre hace lo mismo. Se le va los ojos ante una mujer cautivadora, de enormes pechos y cadenas de infarto. Porque eso es lo que nos vende la publicidad engañosa. Está permitido en el sistema. Es lo común. La superficialidad y la arrogancia está de moda y no podemos hacer nada por remediarlo. Como todos esos actorcitos que salen a la luz pública creyéndose la última constelación del universo. No saben actuar, ni siquiera han llevado un curso o un taller, eso no importa, lo que vende es su atractivo, el color de ojos y de cabello. Nada más. Cuando van por la calle ni siquiera son capaces de mirarte, siguen de largo como si apestaras. Son intocables, inalcanzables, como una élite que tiene derechos adquiridos sin responder a nadie de sus actos. Lo que ellos hacen está bien, porque son artistas. ¡Artistas! Joder, un artista en Leonardo Da Vinci, no una cagada que sabe tres palabras de un libreto y el resto son amaneramientos y morisquetas.

Dicen que el dinero y el estatus te cambia la vida. Los hombres simples no necesitamos de tanta ensalada para saber bien. Cuando tienes personalidad, encanto, sabiduría, lo demás son simples accesorios, útiles para desarrollarte y desenvolverte, pero no como un propósito de vida. Quien lo toma como un propósito de vida, se verá frustrado cuando las puertas se cierran o dejan de ser el centro de atención.

La vida es injusta para algunos, pero justa para otros tantos. La justicia no es quien tenga más o menos, la justicia parte de uno mismo al saber quién es y en qué lugar está. Poner los pies sobre la tierra no te quita lo humano, al contrario, te enaltece y te convierte en un verdadero hombre, con virtudes y defectos, con aciertos y derrotas. Te van a querer igual, no por lo que tienes ni lo que aparentas ser. La gente sabe distinguirlos de un fantoche, son de esos que se les recuerda todos los días y se preguntan qué fue de su vida, son los que recurren para cubrir una plaza de ser necesario, porque saben que pueden contar con él siempre.

¿Qué quieren ellos, al fin y al cabo? Un merecido reconocimiento por sus buenas acciones, por su cariño y amistad desinteresada; quieren el amor de una mujer que sepa apreciar su idiosincracia, sus manías, sus ambivalencias; quieren seguridad para su familia y para sí mismos, tal vez, sacrificando sus propios sueños. Lo único que importa es que necesita todo y nada a la vez.