miércoles, 25 de enero de 2012

Así es como nacen

Giuliana Llamoja se fugó del país, no cabe la menor duda. Hay que entender que la estupidez más grande de las autoridades es darle libertad condicional a quien no se merece. El hecho de que se haya arrepentido y luego pasar el tiempo necesario en la cárcel para recibir dicho beneficio, no quiere decir que se lo den. Sin olvidar los movimientos por debajo de la mesa de su querido padre, el juez Luis Llamoja, quien le ha dado la oportunidad de estar libre y reírse de la justicia. Al violar su libertad condicional, saliendo del país -falsificando la firma de su abogada-, ha puesto de manifiesto que algo anda mal en su cerebro. Y con ayuda también de su pareja, ha decidido vivir en la clandestinidad en Arequipa. Sin ánimos de herir susceptibilidades, ojalá que haya ido al Cañón del Colca. Sin embargo, luego de más de una semana desaparecida, la única conclusión de todo esto es que ya no la veremos por mucho tiempo, ya habrá cambiado de identidad, ya habrá fraguado otros documentos y ha sobornado a más de uno para huir de sus captores. No olvidemos que su pretendiente es dueño de una imprenta, y es capaz de imprimir todo tipo de documento para ayudar a su prometida. ¿Qué dirá su padre de todo esto? ¿Ya se olvidó de todas esas acusaciones que lo vinculaban sentimentalmente con ella, de una manera flagrante y obscena?, hecho que desencadenó el crimen. ¿Por qué la mató? Es obvio que la madre no estaba de acuerdo con el trato que tenían ambos, y la joven, en un arrebato de cólera, tal cual Electra, tuvo que callar.

Ni qué decir de la popularmente desdichada Rosario. Con esa frialdad digna de femme fatale de cine negro, ahora ha demandado a todos los que la han calumniado. Vamos, dedícate al modelaje y verás que tu vida cambiará para siempre. Agradécele a Ciro que te haya dado quince minutos de fama. Aprovéchala.

Los hijos son una extensión del propio ser. Algunos tienen la suerte de nacer en un hogar privilegiado; otros, en cambio, han de sufrir atrocidades morales y económicas. A veces los padres quieren dictaminar su vida, qué hacer, cómo hacer, por qué hacer, dándole la oportunidad de ser unos inútiles o unos estúpidos. También son proclives a estimular su talento para el crimen, como Caín, los Melendez brothers, mi primo el troglodita y todo un ramillete de desequilibrados que optan por eliminar a sus progenitores porque les hacen la vida imposible, sin sospechar que son los primeros inculpados que la policía señalaría como los principales asesinos.

No hay padre perfecto, eso se entiende. Hace lo posible por brindarle a sus hijos lo mejor de sí. Pero cuando no hay estima, cuando se deja de lado la parte emotiva y solo les interesa lo funcional que puede hacer para sacar el primer lugar de su promoción del kinder o menospreciar su verdadero valor como ser humano, es ahí donde surgen los problemas y los rencores. Tal vez, dentro de su pensamiento estructural de la vida, cree que está haciendo bien, sin darse cuenta que ese bien no se practica para todos. Algunos hijos necesitan más atención que otros, porque son algo lentos para entender, a diferencia del superdotado -como siempre se puede encontrar en una familia numerosa- que solo necesita una palabra para captar a la perfección lo que se le está mandando. Esos, por lo general, son los que mañana más tarde se convertirán en líderes mundiales o mentes brillantes que cambiarán el mundo. Los otros, los hijos con CI promedio, están aptos para se cajeros o incomprendidos que luego hacen bombas y crean partidos políticos con inspiración senderista.

No podemos culpar a nuestros padres por las decisiones que tomaron para mejorar nuestras vidas. Ellos también las habrán pasado mal en su momento. Tampoco vamos a echarle la culpa de nuestras desgracias, también somos responsables que no podamos aspirar a una vida mejor y seguir viviendo en su casa, recibiendo una mesada y esperar que el trabajo toque a la puerta. Pero de no ser por la poca estimulación que recibimos, vamos alimentando una forma de ser que ya sería imposible revertir a estas alturas.

¿Qué hay dentro de la mente humana? ¿Qué nos motiva a ser como somos? ¿Por qué matamos? ¿Por qué odiamos a nuestros padres? Porque son unas mierdas, dirán algunos. No. Eso simplemente es revertir nuestro sufrimiento hacia los demás. No hay que odiar, hay que perdonar y dejar que la vida siga su camino. Es de nosotros cambiar esa imagen y darle a nuestros hijos la mejor lección que podamos dar, porque al fin y al cabo somos humanos.  

sábado, 21 de enero de 2012

La intransigencia ha vuelto

Esta semana se ha desatado una polémica respecto a la participación en la vida política del Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales -MOVADEF-, el mismo que tiene como finalidad liberar, condonar, perdonar y sacramentar al tristemente célebre Abimael Guzmán, líder del otrora grupo terrorista Sendero Luminoso. El rechazo ha sido tal que se ha solicitado modificar los artículos 5° y 14° de la Ley de Partidos Políticos N° 28094 para que dicha agrupación no pueda inscribirse en el Jurado Nacional de Elecciones como partido político. Es extraño y contraproducente a estas alturas de la situación en que vive el país se tenga que lidiar con una organización que apoya deliberadamente a una facción antidemocrática, que durante más de diez años (1980-1992) hizo estragos en el interior del país, especialmente a gente campesina, asesinada y torturada por ir en contra de su línea "política", y que ahora, sus descendientes, apoyan incondicionalmente. Es también cierto que por negligencia del gobierno de aquel entonces, el de Fernando Belaunde Terry y Alan García (Primer período), no se combatió frontalmente el genocidio sistematizado de este grupo sedicioso, dejando a la deriva a miles de compatriotas que sufrieron los atropellos y vejaciones del mismo Ejército y de la Policía, que, no teniendo otra salida, eliminaban a todo aquel que parecía sospechoso. Tuvo que suceder lo del canal 2 y, especialmente, lo de Tarata para tomar conciencia que las huestes del "Doctor" Abimael Guzmán estaban tomando la capital y, en consecuencia, el control del país.

De una de las cosas que puedo rescatar del gobierno de Fujimori fue su indesmayable trabajo por lograr el cese de las hostilidades y la captura de sus principales cabecillas. Se emplearon métodos que ahora son juzgados por incumplir las normas a favor de los derechos humanos. Cierto. Pero hay que tener en cuenta, también, que vivíamos un estado de sitio donde las garantías estaban entrampadas en discursos legales, en trabas burocráticas, que no dejaban tomar decisiones "correctas" para detener el avance del terrorismo. Lamentablemente, se perdieron muchas vidas inocentes, se excedió en el manejo de las circunstancias para alcanzar un fin. Las autoridades reclamaron en su oportunidad (léase Comisión de la Verdad) justicia para quienes cometieron actos de lesa humanidad, llámese militares y gobierno de turno; sin embargo, las víctimas de este capítulo fueron los mismos que perturbaron la paz en nombre de la democracia, de la justicia social, de la igualdad de derechos; o sea, los pobres y desafortunados terroristas, aquellos que también estaban jugando una pichanguita y los chavinistas reducieron a punta de metralleta. ¿Y no se acuerdan que estos pobrecitos mataban a campesinos, ahorcaban en las plazas a los alcaldes porque no se sometían a su locura, etc., etc., etc.? ¿Para esta pobre gente no hay derechos humanos, solo porque son cobrizoso, ignorantes y pobres? Ni qué decir de Abimael, ridiculizado con su traje a rayas, su enfermedad, su encierro en la Base Naval. Pobre hombre. Ahora quieren amnistiarlo.

Pero volviendo al Movimiento Activista por la Defensa Fecal, es curioso que la mayoría de sus partidistas sean jóvenes, cuyo fanatismo se puede ver ilustrado en cada conferencia o entrevista, asumiendo una posición contraria a la real dimensión de las cosas. Es como si nunca hubieran vivido la década del terror, es como si la historia para ellos es un cuento de los Hermanos Grimm o algo que le contaron por ahí. Ellos dicen defender al pueblo por la explotación capitalista y la globalización opresora que azota al sector más pobre de la población. Perdón, ellos defienden a genocidas, a ideales apócrifos, al derramamiento de sangre sistematizado, bajo la premisa de "perseguidos políticos". ¿Abimael y sus secuaces son perseguidos políticos? Uno de ellos dice en una entrevista que a este señor no se le ha inculpado por violación de los derechos humanos, sino por terrorismo (?) ¿Y qué es el terrorismo? ¿No es un atentado en contra de las garantías constitucionales de personas que dicen defender... ¡Al pueblo!? Habrán leído mucho el libro Rojo, habrán leído los discursos de su líder allá en la Universidad de Huamanga, donde empezó todo, y piensan que es La Biblia. Quieren cambiar la Constitución. Quieren que volvamos al latifundio y a la pobreza extrema, para tomar las armas y meter bala a quien se le oponga, pero claro, democráticamente, legalmente constituidos y aspirar a una curul en el Congreso en próximas elecciones. ¿ Se creen el M-19, en Colombia? Estos querrán robarse el cráneo de Pizarro como símbolo de su lucha contra el colonialismo.

Hay que tener cuidado. La historia debe conocerse en su actual dimensión. La gente está en contra de este tipo de organizaciones no solo por el hecho de que defienden ideas erróneas, sino que han vivido en carne propia sus consecuencias, sus pérdidas, sus sufrimientos. Lo que me llama la atención es que son jóvenes. No me lo puedo sacar de la cabeza. Son jóvenes que enaltecen la intransigencia y la subversión, que ni siquiera habían nacido en aquellos años ni habían leído un libro ni saben quién fue María Elena Moyano o que los hechos de Lucanamarca fue un "acto político". O sea... Ellos no necesitan un arma para convencer, es con la ideología que quieren volver a los 80, como lo hizo Abimael en su momento. Si este señor pedía cambios, debió lanzarse como presidente o congresista o lo que fuera y demostrar que sus ideas eran las correctas para cambiar las cosas que creía que podían ser cambiadas. No. Fue a lo más fácil, coger un fusil y matar gente para sembrar zozobra y desequilibrar al país. Eso se llama terrorismo. Y, claro, mientras se metía su tranca con vodka y bailaba Zorba el Griego, los ignorantes que daban su vida por la lucha armada, morían sin que a este le preocupara lo más mínimo. Gracias a Dios que existieron esos videos, porque a raíz de ellos sus seguidores comprendieron que era un fantoche, un hipócrita, un dictador. Hacía lo mismo que los gobiernos a los cuales atacaba. Vamos, Stalin queda mejor parado que éste.

Ahora el Modavef pide que se revoque el fallo en contra de su inscripción, van a salir a las calles, quieren que el pueblo decida. El pueblo ya decidió hace mucho tiempo, pero no quieren aceptarlo. Para ellos, lo que pasó en los 80-90's nunca fue terrorismo. ¿Si no fue terrorismo, entonces qué fue? Luego se aliaron con el narcotráfico para comprar armas y seguir peleando por los intereses de los más necesitados. Caramba. El narcotráfico es un flagelo que se necesita erradicar, por qué ellos no lo hicieron si querían "cambiar" las cosas. Contradictorio.

Que no nos engañen con su disfraz de demócratas. Mi posición, señores, es que este tipo de organizaciones no debe de pasar de un mero chiste cantinflesco, una chiquillada de muchachitos incomprendidos por sus padres. ¿No se dan cuenta que son simplemente peones de las verdaderas cabezas que están detrás de todo esto? Esa gente que nunca se preocupó por la clase obrera, que solo ha servido a sus intereses, y siguen haciéndolos. Los jóvenes son muy apasionados, eso se nota. Pero hay que tener base para ser consecuentes con sus ideas. Lean, no distorsionen los hechos, no dejen que insulten su inteligencia. Ojalá no sea demasiado tarde y no tengamos que soportar otro 17 de mayo de 1980.

viernes, 20 de enero de 2012

Insatisfacción: Prostis y gigolós

El fin de semana pasado, mientras degustaba un capuchino en mi cafetería favorita, tuve la impresión que la muchacha de la mesa contigua estaba coqueteando conmigo. Ella, obviamente, estaba acompañada de un tipo muy bien parecido, el que todas sueñan con tener a su lado. Sin embargo, debo rescatar de aquellas miradas furtivas que osaba enviarme, que no estaba del todo satisfecha con su relación. ¿O eran ideas mías? Por un momento creí que su persistente mirada era porque algún niño había dejado caer sobre mi cabeza un poco de helado o mi rostro le era familiar. Hasta pensé que me diría "tú eres el del Blog de Carlitos". Pero no, demasiado perfecto para ser real. Quizá, al verme solo, habrá pensado que estaría por ahí dando tumbos en busca de algún pescadito o mi soledad era tan obvia que denotaba una patética existencia que trataba de sobrellevar tomándome un capuchino. No, nada de eso. Por lo general, soy demasiado fantasioso y dejo que mi imaginación haga de las suyas. Este no era el caso. Debo decir que tenía razón al afirmar que la muchacha estaba coqueteando conmigo. Era demasiado bochornoso tener su mirada clavada en mí mientras su pareja seguía discutiendo sobre las posibilidades del átomo en el estudio de las compactadoras de basura en el estado de Minesota (?). Al menos, en ese caso, soy más divertido.

El muchacho la dejó un momento a solas porque tenía que ir al baño. Oportuno, pensé. ¿Qué haría en este caso? ¿Acercarme a ella o dejar que ella se acerque a mí? Fue ella quien dio la iniciativa y me dejó su tarjeta, muy bien hecha por cierto. "Llámame", dijo. Volvió a su mesa y el tipo no tardó en aparecer. Naturalmente yo estaba hecho un manojo de nervios y no supe elucubrar bien mis pensamientos. ¿Realmente quería que la llame? ¿Era una broma? ¿Quería un trío? Luego, se marcharon y ella ni siquiera me miró cuando lo hizo. Tres días después, en medio de una serie de interrogantes y con la tarjeta en la mano, me atreví a llamarla. Le expliqué quien era y algo cortante me dijo: "¿Recién llamas? Pensé que ya no querías nada". Caramba, pensé, esta sí que es una de las mías. Hablamos un rato y nos citamos esa misma noche en un lugar neutro, donde nadie pudiera reconocernos.

¿Qué hacía una chica tan linda como ella, con un tipo como yo, feo, enjuto, con anteojos y casi ligero de cabellos, cuando podía estar al lado de un galán como el de la otra noche y disfrutar plenamente de su compañía? Los misterios de la vida, pensé. ¿O debo llamarlo oportunidad de oro? Tomamos un par de tragos y nos pusimos a tono con nuestros más profundos secretos. Yo salía de una horrible experiencia con una muchacha que no sabía lo que quería y ella estaba aburrida de su actual pareja. Ella supo apenas me vio que éramos compatibles sexualmente. Las personas perciben una esencia química que hace posible un encuentro cachondo bajo las sábanas de un hotel: feromonas. Y esa sensación no la podía sentir con este muchacho. Era divertido, ameno, tenía temas de conversación y la pasaba bien; pero, lamentablemente, su vida sexual era aparatosa y no podía culminar la noche como esperaba. Ya deben imaginar cómo terminó mi cita. 

¿A qué quiero llegar con esta anécdota? Que somos lo suficientemente humanos para comprender que no todo es como queremos que sea. Algo falta en la ecuación que nos impide estar plenamente satisfechos. El sexo y el amor son dos hemisferios complejos, llenos de agujeros negros y vórtices inexorables que nos apartan de nuestra real dimensión como seres humanos. No podemos vivir sin sexo y sin amor, ambas cosas a veces se confunden como una sola, pero no es cierto. El amor es algo más grande que un simple roce de caderas. Es un tema del que hablaré en otro momento.

El sexo es un compendio de todas nuestras frustraciones acumuladas desde la infancia, que son exploradas en la adolescencia y culminadas en la adultez, como meta y realización personal. Nos reprimen desde pequeños, porque es malo. La iglesia y la religión propiamente dicha, son las causantes de que nuestra vida sexual tenga demasiados desvíos y peligros para nuestra propia vida. ¿Por qué hay tanto pedófilo y violador? Porque la sociedad impone un estado de conducta disociada con nuestra privacidad. El Estado no tiene derecho a mis decisiones. No elige por mí. Si quiero tener sexo todo el día, no debo sentirme culpable y confesárselo el domingo a un violador de niños con sotana. Y creo que los curas se han tomado al pie de la letra eso de "Dejad que los niños vengan a mí".

El libertinaje, por otro lado, es el extremo al que no debemos llegar. Al menos, somos seres racionales que diferenciamos lo bueno de lo malo. Pero una vida plena, abierta, con sentido común, nos hará felices a todos. Si vemos a un tipo o a una mujer amargados por la mañana, que pelea en la estación del Metropolitano, deducimos que no recibió su "mañanero". Evitemos esos conflictos. Una buena educación sexual nos hará a todos permisibles, sin tabúes, sin doble moral. Si mi pareja quiere coito en la ducha, déjalo; si le gusta ver porno en la PC, déjalo, con tal que deje limpio en mouse y la silla. Hay gente que es fetichista. No puede tener una erección, en el caso de los hombres, porque quiere que su mujer use lencería o botas o zapatos de taco 9. Las mujeres quieren que sus maridos se vistan de bombero o de lobo feroz. Esas cosas son naturales, son enriquecedoras y estimulantes para las personas. Los más osados quieren sexo con una tercera persona. Hombre-Mujer-Hombre; Mujer-Hombre-Mujer. Recurren al mejor amigo, con el que tengan confianza o, contratan a un terapeuta sexual. Genial.

El hombre quiere que su mujer sea una puta en su cama. Y como es bien sabido, la mujer tiene reparos en ciertas disposiciones que le impiden complacerlo en ese campo, según su educación y lo que le decían en la parroquia en la época del colegio. Hay otras, sin embargo, que le entran a todo, especialmente las chicas de barrio, las arrabaleras, las que se han criado en medio de la promiscuidad generacional de sus padres y que lo ven como algo normal y digno de hacer con su pareja de turno. Como dije, según la educación que tenemos y recibimos, vamos a tomar las cosas de una manera que nos convenga. Al hombre, naturalmente, se le ha criado como el semental de la casa; él sí tiene que ir a un prostíbulo, acostarse con fulana y mengana, hasta con la prima o la tía; y eso es normal. Pero una mujer, tiene que esconder su sexualidad porque la sociedad la señala como "puta". ¿Por qué? También tienen derecho de disfrutar de su cuerpo. Pero me alegra mucho que la mujer de nuestro siglo se ha quitado la bata y los ruleros para dejar en claro que ella también quiere gozar, donde sea y con quien sea.

Los salones de strip tease ya no son exclusividad del hombre. Las mujeres tienen su espacio para dar rienda suelta a su imaginación. Porque quiere, lo desea, nadie se lo va a impedir; ni siquiera su marido o su papá o el cura. Tienen sexo en la oficina, con el compañero de trabajo o con el jefe. Las chicas de McDonald's o Burger King tienen sexo en los baños o en la cocina, a la hora del cierre. Y si me equivoco, bueno, se irán a un hotel. Pero lo hacen. La confraternidad nos impulsa a ser desinhibidos. "Todo queda entre nosotros", como se dice. No hay que tenerle miedo a nuestros impulsos. Si la población mundial tuviera sexo a diario, el mundo sería distinto. Iríamos a trabajar con una sonrisa en el rostro, seríamos más proactivos y creativos.

Las personas solitarias, por ejemplo, tienen que vivir en la sombra. Tímidamente se encierran en una cabina y chatean con un extraño, fingiendo ser otra persona, más osada, más tempestuosa. Quieren conocer gente y no saben cómo hacerlo en su vida cotidiana. Crean un personaje para deleite del otro que está a la expectativa de "quien podrá ser". De alguna manera, es la misma sociedad quien los lleva a ese mundo, o se enfrascan en videojuegos o se aíslan con el ipod. Porque tienen miedo de enfrentarse ante una mujer u hombre, sea el caso, y decir abiertamente cuáles son sus intenciones. La gente quiere sexo, pide a gritos tener sexo, y nadie se los quiere dar solo bajo la condición de comprometerse. Acostarse con alguien no debe significar que ya son pareja. Ese es otro de los mitos que se tejen al respecto de este tema. La parte emocional y afectiva debe estar desligada del placer. "Tengo sexo por amor", dicen. Es mentira. Mañana más tarde terminas con tu pareja odiándose y maldiciéndose que no van a recordar eso de "lo hago por amor". Nadie hace nada por amor. Es instintivo, es propio del humano. Que le quieren poner una cuota romántica para disimular la arrechura del momento, es para los imbéciles.

Las prostitutas, por ejemplo, merecen todo el respeto que la profesión les ha dado. Tienen que atender a toda una pléyade de individuos que a veces ni siquiera se baña o su aliento aguardientoso es para vomitar. Son necesarias, son imprescindibles dentro de una sociedad, porque el individuo quiere hacer las cosas a escondidas. Hasta se avergüenzan de comprar un condón. Una dama de la noche tiene sus niveles, tiene su estatus. Las sofisticadas te dan un servicio completo, bien pagado, vale decir; te acompañan a reuniones o seminarios en el hotel Sheraton, visten elegante, se comportan como toda una dama culta, bien instruida y modales que quisiera que tuviera tu mujer. Son las que vale la pena pagar 600 dólares sin preocuparse de la pensión del niño. Las rutilantes, son las que encuentras en un pub, una discoteca o un bar. Son las que parecen modelos pero cuando hablan solo dicen "me fui a Ripley y me compré una blusa Gucci" -sin saber que lo hacen en Gamarra o viene de China-. Son las que te aceptan un trago y un piqueo en El Bolivariano y tu "voluntad" por el servicio. Hasta le pagas el taxi de regreso. Pero si no quieres seguir escuchándola, mejor te haces el dormido, porque hablan de cualquier cosa para hacerse las interesantes. Y si les aclaras que solo quieres echarte un polvo en silencio, se ofenden. Las inclasificables son aquellas damitas que ponen su anuncio en El Trome y no pasan de los 120 soles la hora, con las poses que tú quieras y el trato de pareja. Y son exactas. Si te dicen una hora, es una hora. Pero el reloj empieza a contar desde que entraste al dormitorio, te desvistes y te echas en la cama. Te cuentan un poco de ellas y tú les cuentas algo de ti, y para esto ya han transcurrido veinte minutos. Ya cuando crees que estás a punto de llegar al clímax, te cortan el viaje porque tu tiempo terminó. En cambio, si le caes bien y le provocas sensaciones que no ha sentido con otro cliente, te regala media hora más, hasta podrían darte "la colita" si te portas bien.

Los gigolós, en cambio, son una raza que se extingue poco a poco. Casi nunca se les ve, solo en la farándula camuflados como los "novios" de Susy Diaz o la criollaza Lucía de la Cruz. Los pocos que aún circundan ese universo ingrato de la prostitución logran enaltecer la autoestima de una incomprendida ama de casa o ejecutiva que no tiene tiempo para el amor. La mayoría de ellos son jóvenes que buscan satisfacer sus necesidades inmediatas, como un par de zapatillas, ropa o una comida en el Swissotel. No piden mucho. Otros, los más curtidos, quieren dinero y posibilidades de codearse con gente de peso, que les pueda dar un programa de televisión o publicar un libro autobiográfico. No es tan fascinante como se espera, porque el hombre solo seduce a mujeres desengañadas o falta de emociones, son predecibles y no tienen el encanto natural que una mujer puede proporcionar en los juegos amatorios. Los chicos de compañía se esmeran por lucir bien, aprenden pasos de baile, aprenden a comer y llevan cápsulas revitalizantes por si tienen varias ofertas esa misma noche. Sin embargo, no engañan a nadie. Se sabe que son gigolós, ni siquiera metrosexuales; son prostitutos que se ganan la vida ofreciendo su tiempo a damas con apetitos carnales, que no pueden ser correspondidas por sus abnegados y laboriosos cónyuges, cansados por las horas de trabajo en la oficina y una canita al aire con la secretaria, por supuesto, más joven que su mujer.

Ese es el problema que tenemos actualmente: buscarnos alguien más joven para sentirnos vitales. Es innegable que un hombre maduro es más atractivo y deseable a la vista de todos, que una mujer entrada en sus años de retiro, quizá, por todos esos retoques e implantes en la cara que desconciertan a Stevie Wonder. ¿Alguien no ha pensado en acostarse con Sean Connery o Morgan Freeman, por decirlo menos? Tampoco voy a negar que hay señoras que están para darles una bombeada de cisterna, porque las hay. He conocido a un par que tienen lo suyo, al natural, son tías regias que podrían competir con las chicas más avezadas de la ciudad. 

Sin embargo, ¿debemos conformarnos con lo que nos dio la naturaleza? A veces el ser humano peca de vanidoso y cree que la vida es inacabable. Podemos prolongarla, más o menos, comiendo bien, haciendo ejercicio regularmente y no metiéndonos tantas toxinas en el torrente sanguíneo. Pero igual vamos a morir. Simplemente, queremos ganarle a la competencia. Queremos acostarnos con tantas personas como sea posible para romper un par de récords o alardear de nuestra sexualidad. En el fondo, estamos insatisfechos, queremos más, queremos probarlo todo porque lo que tenemos no nos llena lo suficiente. Los matrimonios existen por alguna razón, pero no es lo total que deberíamos aspirar, porque -como dije- las convenciones sociales son demasiado fuertes para romper la rutina, el sexo es una desviación pecaminosa que nos condenará al fuego eterno y no hay nada tan malo como el sexo que corrompe la mente de la juventud. Hay pandillas, drogadictos, asaltantes y otras bestialidades, pero el sexo es el sujeto nocivo que hay que desterrar. Es la causa por la cual hay embarazos indeseados, precoces, hay enfermedades contagiosas y una serie de gamas que aún rebotan en las mazmorras del Santo Oficio. No, el problema aquí es la educación, sin educación el pueblo vive en oscurantismo, puede ser manipulado por la Iglesia y gobiernos corruptos que solo quieren ganar dinero a expensas de nuestro trabajo. Sin educación no podemos llegar a ser civilizados, por eso nos escondemos a los ojos de los demás cuando nos acostamos con una prostituta o un gigoló, o simplemente conocemos a alguien y nos provoca tirar como gente normal, sin miedo, sin prejuicios.

Y no se trata solo de sexo. La insatisfacción viene desde la casa, de tener a unos padres tan cerrados y poco comunicativos, de tener a unos hermanos molestosos que te quitan el jabón o se usan la colonia que te costó un ojo de la cara. Es no poder comer lo que a uno se le antoja, es no ver el programa que uno desea ver; es conocer a una persona que te dice una cosa y cuando ya estás dentro de ella, cambia completamente. Si tienes a un@ chic@ simpátic@, quieres a un@ guap@ y así sucesivamente. Quieres abarcar todos los espectros posibles. Una mujer no puede ser gorda, tiene que ser como las súper modelos de moda: 70-40-60. Si tienes los pechos grandes, eres la sensación de la fiesta; pero si tienes el trasero como JLo, eres una diosa. Un hombre debe tener el pene grande, sino no pasa nada contigo. Siempre queremos más, y seguiremos queriendo más mientras la publicidad engañosa nos bombardee con tal o cual producto para vernos bien. Ser el mejor no quiere decir que quieras todo. Ser el mejor es saber que lo que haces va a trascender y tu nombre será recordado tanto como Beethoven o Stephen Hawking. La satisfacción parte de sentirse bien con uno mismo. Lo demás, viene por sí solo.

lunes, 16 de enero de 2012

69 Edición de los Globo de Oro

Ricky Gervais
Como es habitual a principios del año, la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood premia a lo mejor del cine y la televisión, convirtiéndose en la antesala a una larga lista de premios y reconocimientos a las producciones realizadas durante el 2011. Digamos, la Asociación es una de las instituciones que presume de ser objetiva e imparcial a la hora de conceder premios, puesto que se trata de un gremio periodístico dedicado a cubrir todo lo relacionado a la industria cinematográfica y televisiva, que muchas veces no coincide con el gusto de lo "políticamente correcto". Un ejemplo: Mickey Rourke ganó un Globo de Oro por El luchador (2008), se proyectaba como el favorito para la noche de los Oscar, luego de cosechar otros premios como el BAFTA y el Independent Spirit Awards, además de recibir el espaldarazo de la crítica ante su recuperara imagen de chico malo; pero fue Sean Penn quien se lo llevó por su caracterización de Harvey Milk. Aquí primó la controversia que generó en California el veto al matrimonio gay y el oscurantismo que el tema genera en algunas esferas conservadoras. Y si quiero ser malintencionado, en el Sindicato de Actores hay muchos que son muchas y viceversa.


Martin Scorsese, Mejor Director por "Hugo"


Igual pasó con Kate Winslet al ganar doble Globo de Oro por Revolutionary Road, como Mejor Actriz Dramática y por The Reader, como Actriz de Reparto. Pero en el Oscar, fue nominada como Mejor Actriz por este último, porque Penélope Cruz debía ganar por Vicky Cristina Barcelona. La Academia siempre mueve sus fichas como mejor le conviene. Sin embargo, una excepción podría darla Colin Firth por su papel en El discurso del rey (2010), quien prácticamente se llevó todos los premios habidos y por haber.


La cinta "El artista", consiguió el Globo de Oro a la Mejor Película
en Comedia, también para su intérprete, Jean Dujardin
y la banda sonora, para Ludovic Bource


En esta edición 69 de los Globos de Oro, hubo de todo, algunos aciertos independientes y agradables sorpresas. Muchas de estas películas aún no se estrenan en el circuito comercial, pero a medida que pasan las semanas y con la fiebre de los Oscar, es posible que muchas de ellas puedan ser exhibidas a tiempo, así que no puedo dar mi apreciación sincera al respecto. Por otro lado, el momento más emotivo fue honrar con el Premio Cecil B. DeMille a Morgan Freeman, por toda su trayectoria actoral, de manos del no menos importante intérprete afroamericano: Sidney Poitier -toda una institución y un referente para las futuras generaciones de color- y de la actriz británica Helen Mirren.


Sin perder su estilo, el irreverente Ricky Gervais repitió el plato como presentador de la ceremonia, aunque esta vez estuvo moderado ante la serie de críticas que recibió el año anterior por sus desaforados comentarios a la industria. Aunque en varias oportunidades fue él la víctima de las réplicas ingeniosas de algunos aludidos, como Antonio Banderas, Madonna o Colin Firth. Una ceremonia ágil, con algunos excesos de tiempo en los agradecimientos, cosa normal ante la sorpresa de obtener un premio, pero simpática y mucho glamour. Jodie Foster, mi actriz fetiche, divina como ninguna acompañada de sus dos hijos; entre otras bellezas.


Aquí la lista de ganadores:


Cine
Mejor Película Dramática
Los descendientes, de Alexander Payne.


Mejor Película Comedia/Musical
El artista, de Michel Hazanavicius.


Mejor Director
Martin Scorsese, Hugo (o La invención de Hugo).


Mejor Actriz en Película Dramática
Meryl Streep, La dama de hierro, de Phillyda Lloy.


Mejor Actor en Película Dramática
George Clooney, Los descendientes.


Michelle Williams, da vida
a Marilyn Monroe
Mejor Actriz en Película Comedia/Musical
Michelle William, Mi semana con Marilyn, de Simon Curtis.


Mejor Actor en Película Comedia/Musical
Jean Dujardin, El artista.


Mejor Actriz Secundaria
Octavia Spencer, The help (o Historias cruzadas), de Tate Taylor.


Mejor Actor Secundario
Christopher Plummer, Principiantes, de Mike Mills.


Mejor Guión
Woody Allen, Medianoche en París.


Mejor Banda Sonora
Ludovic Bource, El artista.


Mejor Canción Original
"Masterpiece", W.E, de Madonna.
Leila Hatami, protagonista del film iraní
"Una separación", de Asghar Farhadi


Mejor Película en Lengua Extranjera
Nader y Simin, una separación, de Asghar Farhadi (Irán).


Mejor Película Animada
Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio, de Steven Spielberg.


Televisión
Mejor Serie de Drama
Homeland (Showtime).


Mejor Actriz en Serie Dramática
Claire Danes, Homeland.


Kelsey Grammer
Mejor Actor en Serie Dramática
Kelsey Grammer, Boss (Starz).


Mejor Serie de Comedia
Modern Family (ABC-FOX).


Mejor Actriz en Serie de Comedia/Musical
Laura Dern, Enlinghtened (HBO).


Mejor Actor en Serie de Comedia/Musical
Matt LeBlanc, Episodes (Showtime).


Mejor Miniserie o Telefilme
Morgan Freeman
Downton Abbey (Carnival Film-NBC Universal).


Mejor Actriz en Miniserie/Telefilme
Kate Winslet, Mildred Pierce (HBO).


Mejor Actor en Miniserie/Telefilme
Idris Elba, Luther (BBC).


Mejor Actriz Secundaria en Miniserie/Telefilme
Jessica Lang, American Horror Story (FOX).


Mejor Actor Secundario en Miniserie/Telefilme
Peter Dinklage, Game of Thrones (HBO).


Premio Cecil B. DeMille
Morgan Freeman.

viernes, 13 de enero de 2012

2012: El último año de nuestras vidas

Es divertido cómo las supersticiones nos acompañan desde siempre y han formado parte de nuestras vidas. Creamos diversas teorías de destrucción masiva que nos pone los pelos de punta y empezamos a evocar nuestro lado más religioso. Ya que estamos a tono con ese día tan comentado -21/12/12-, vamos a empezar por enumerar las cosas más importantes que debemos hacer antes de que nos caiga la profecía maya mientras degustamos un delicioso helado de frambuesa con chispitas de maní y turrón. Como saben, soy un apasionado del cine y me atrevo a decir que soy un cineasta frustrado, porque todavía no he hecho "la película". Y si de películas se trata, he confeccionado una lista con los 20 filmes que deberías ver antes de morir. Quizá haya más de una coincidencia, pero es una lista hecha por mí, con las películas que han calado mi ser y me ha convertido en todo un aficionado y entendido en la materia:

20. Moby Dick, de John Huston (1956). Basada en la novela de Herman Melville, protagonizada por Gregory Peck, como el sádico y obsesivo capitán Ahab que busca la ballena del título, es una de esas historias de aventura que nos muestra la lucha del bien contra el mal, llena de simbolismo y cuestiones filosóficas que nos hace optar por el lado de los cazadores o del perseguido.

Bette Davis, en Todo sobre Eva,
de Joseph L. Mankiewicz
19. Todo sobre Eva, de Joseph L. Mankiewicz (1950). Rebautizada en habla hispana como "Eva al desnudo" o "La malvada". Bette Davis luce estupenda como una madura actriz que es eclipsada por la joven aspirante Anne Baxter, quien luego de ser una fan incondicional, se convierte en su acérrima rival sobre las tablas. Una historia de vanidad, ambición y decadencia, hecha como pocas.

18. De aquí a la eternidad, de Fred Zinnemann (1953). ¿Quién no recuerda aquella mítica escena en la playa, en la que Burt Lancaster y Deborah Kerr se entregan en un apasionado beso entre las olas? Recordemos que Frank Sinatra ganó el Oscar como Mejor Actor de Reparto por este filme, y que luego Mario Puzo retrató en El Padrino en la imagen de Johnny Fontaine.

17. ¡Qué verde era mi valle!, de John Ford (1941). Habituado en el western, John Ford nos da el retrato de una familia irlandesa que vive de los yacimientos de carbón y es toda una oda al amor, la amistad y la esperanza. Es también la película que le ganó a Citizen Kane aquel año en los Premios de la Academia; sin embargo, es un clásico de proporciones épicas que Ford supo imprimir en cada imagen en blanco y negro.

16. Dracula, de Tod Browning (1931). Bela Lugosi es una fiera del infierno que hipnotiza a sus víctimas para succionar del cuello la sangre que lo mantiene con vida por toda la eternidad. La imagen de caballero seductor, pero de peligrosas intenciones, catapultó a la fama al actor húngaro, que lo encasilló en estos papeles hasta su muerte.

15. La cosa, de John Carpenter (1982). Remake de El enigma de otro mundo (1951), de Christian Nyby, ambas basadas en una novela corta de John W. Campbell Jr., pero Carpenter es más fiel a ella. La extraña criatura del título puede mutar a cualquier forma de vida que entre en contacto con ella y se instala en una estación estadounidense en la Antártica, creando una atmósfera de duda y desconfianza entre los miembros de la base, ya que ninguno sabe con exactitud si son humanos o no.

Jean-Pierre Léaud, como Antoine Doinel,
alter ego de Truffaut en varias de sus películas
14. Los 400 golpes, de Francois Truffaut (1959). Es la historia de Antoine Doinel, un adolescente con ciertos traumas familiares que lo convierten en un ser marginal, amargo y de propósitos poco edulcorantes. Como refiere el título, son los golpes que le da la vida en su intento por crecer en un mundo que lo ignora y corrompe.

13. Metrópolis, de Fritz Lang (1927). La joya del cine expresionista alemán, es un alegato a la forma de autoritarismo que trasgrede las convenciones de una sociedad justa, convirtiéndola en esclavos del sistema, del modernismo y los atropellos contra la libertad individual. Una visión profética de lo que vendría a ser el nazismo en toda su expresión.

12. Fresas salvajes, de Ingmar Bergman (1957). Encantadora historia que viaja a través de los recuerdos, la razón misma de vivir, para evocar la infancia y los tiempos idos con mucho sentimiento. Bergman hace una exploración del alma humana a través de sus propios recuerdos y la de muchos otros, y consigue estimular la sensación de haber perdido algo y que nunca podrá ser encontrado.

Toshiro Mifune, como el Yojimbo
11. Yojimbo, de Akira Kurosawa (1961). Obra fundamental del cineasta japonés. En una época donde los samurái habían perdido sus privilegios en la corte, este ronin deambula por todo Japón y se topa en en medio de dos bandos contrarios que buscan controlar a un pueblo; tratan de comprarlo para tenerlo como aliado pero este juega con ellos haciéndoles creer que tomará partido con el mejor postor.

10. Nacimiento de una nación, de David W. Griffith (1915). Considerada como la más importante aportación al cine en cuanto a técnica narrativa, esta historia épica nos lleva a comprender que existen pioneros con visión para enriquecer un lenguaje que iba consolidándose como obra de autor y de entretenimiento.

9. La guerra de las galaxias, de George Lucas (1977). Muy aparte de los retoques digitales de los últimos años, esta película es un compendio de muchos géneros que nos traslada a la ingenuidad infantil gracias a las aventuras de sus personajes. Verla en su versión original es un regalo de navidad, por su sencillez e imaginación.

8. Taxi Driver, de Martin Scorsese (1976). Travis Bickle es un ex combatiente de Vietnam algo perturbado que consigue un empleo de taxista para paliar el insomnio y empieza un viaje a los infiernos al contemplar la pobreza moral de la ciudad de Nueva York. Tiene un fuerte lazo con una prostituta de 12 años a quien rescata de su pedófilo proxeneta. Imprescindible.

7. Manhattan, de Woody Allen (1979). Rodada en blanco y negro y en un apoteósico Cinemascope, la ciudad de Nueva York es retratada de forma brillante como postal turístico en medio de las azarosas desventuras de un grupo de neoyorkinos plagados de manías, problemas afectivos e infidelidad, de manera irónica y sentimental.

David Bennent, como el pequeño Oskar Matzerath
6. El tambor de hojalata, de Volker Schlöndorff (1979). Basada en la novela de Günter Grass, es la historia de Oskar, un niño que toca un tambor de hojalata para expresar su inconformidad por la vida, siendo testigo del ascenso del nazismo y vive dentro de su propio mundo que le impide crecer.


5. El caballero de la noche, de Christopher Nolan (2008). No hay nada nuevo que decir sobre esta película. Es aterradora, inquietante; deja a uno pensando si realmente la locura se ha apoderado de la sociedad y nos hemos vuelto indolentes ante tanta violencia y desenfreno. El joker es un ser repulsivo, misterioso, sumamente genial para convivir con la realidad y se deja llevar por sus pasiones más oscuras. 

4. ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra (1946). Se dice de ella que ha sido trasmitida por televisión más veces en toda la historia de las temporadas navideñas. Una historia simple, cándida, tierna, con muchas lecciones de vida. Ya no hay un Frank Capra para contarnos ese optimismo que encuentra en las cosas simples de la vida; quizá porque ya hemos perdido la visión de un mundo mejor y nos conformamos con un mero pasquín de frivolidades absurdas que consume la mente del ciudadano promedio.

Bogart y Bergman, iconos de un clásico imperdible
3. Casablanca, de Michael Curtiz (1943). Sin Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, quizá hubiera pasado desapercibida y hoy no estaría comentándola. Ambos supieron imprimir en sus respectivos roles esa fuerza apasionante de querer algo por sobre todas las cosas y ser a la vez testigos de su inalcanzable camino por la felicidad. "Tócalo de nuevo, Sam" o "Louis, creo que este es el inicio de una hermosa amistad", son frases inconfundibles y que forman parte de nuestra cultura.

2. El padrino, de Francis Ford Coppola (1972). Quien no se haya dejado atrapar por esta saga familiar, mejor les digo que la vean una y otra vez y sean testigos del ascenso, caída y redención de los Corleone, de la mafia, la familia, la lealtad y la traición como nunca se  ha visto retratada en el cine. Ningún personaje, por más pequeño y aparentemente intrascendente, se escapa de este mundo y aportan una fuerza descomunal que lo convierte en todo un clásico contemporáneo. 

Orson Welles da vida al mítico personaje: Kane
1. Ciudadano Kane, de Orson Welles (1941). Si Orson Welles no hubiera llegado a Hollywood, el cine sería distinto. Gracias a Ciudadano Kane, hay un antes y un después en todo el séptimo arte. Considerada como la mejor película americana por antonomasia, la cinta nos narra la vida de Charles Foster Kane, magnate de las comunicaciones que desea a toda costa tenerlo todo, hasta el alma de las personas vinculadas a él. Sin embargo, de lo único que lamenta es haber perdido su más grande tesoro: su infancia. Controvertida al inicio de su rodaje, por ser una biografía enmascarada de William Randolph Hearts, otrora dueño de la más grande cadena de periódicos de Estados Unidos de ese entonces, quien tuvo una feroz batalla con la industria cinematográfica para evitar que dicha filmación fuera exhibida. Sin embargo, el tiempo le ha dado el valor que merece como una obra maestra que perdura en la actualidad, provocando aún comentarios y estudios sobre su autor y el film mismo, desde su concepción, el proceso de rodaje y su lucha contra la censura. Sin lugar a dudas, es la película que habla por sí misma del valor que tiene para las generaciones futuras.

martes, 10 de enero de 2012

¿Qué es el orgasmo?

Según la Real Academia de la Lengua es la "culminación del placer sexual" o la "exaltación de la vitalidad de un órgano". En otras palabras, es el clímax de toda ebullición carnal, una corrida de padre y señor mío, que alcanza el éxtasis con una serie de impulsos corporales repletos de gritos, arañazos en la espalda y otras sensaciones incandescentes en el interior de cada individuo. El orgasmo es el momento en que todo lo ves color de arco iris, pitufos dando saltos entre las flores, pajaritos revoloteando tu cabeza y todos los personajes de Walt Disney asintiendo con un Ok a tu destreza sexual. Hasta Blanca Nieves tuvo un orgasmo cuando el príncipe le dio un beso, pero para evitar la censura de la época lo cubrieron con el trozo de la manzana que se le atoró en la garganta. Simbólicamente, era otra cosa que se le había atragantado.

El orgasmo se puede interpretar de varias maneras. Por lo general, como nos venden las películas, vemos a una mujer sacudida por fuertes impulsos que terminan en un grito prolongado y los ojos desorbitados. Eso no pasa casi siempre, a no ser que quieras impresionar a tu pareja o solo finjas, como lo hizo muy bien Meg Ryan en Cuando Harry conoció a Sally, de Rob Reiner (1989), en una escena memorable y parodiada en muchas ocasiones. También hay orgasmos silenciosos. Te matas moviendo las castañas para ver a tu mujer tendida en la cama, mirando el techo y te preguntas si no ha sido tu mejor trabajo en meses. O hay otros un tanto sádicos, cuando sentimos un dedo por el ano, las uñas penetrar en la espalda o una mordida en la oreja, que difícilmente podrás olvidar. Asimismo, hay orgasmos sin penetración ni estimulación. Es aquel en que solo funcionan los sentidos de la vista y del oído, empleado regularmente en algunas terapias contra la anorgasmia, un problema de nuestros tiempos que hombres y mujeres sufren a causa del estrés y la vida fulgurante que han elegido. Asimismo, existe un caso especial y aislado: la multiorgásmica. Con ponerle un dedo en el codo ya están lubricadas y listas para dar sus primeros gritos de placer, y en una sola sesión ya llevan como seis orgasmos consecutivos. Se ha registrado el caso de una mujer que llegó dieciocho veces seguidas durante la masturbación. Todo un prodigio.


Según estudios, solamente un tercio de las mujeres sexualmente activas reportan haber llegado al orgasmo regularmente; y cerca del 10% no lo ha experimentado. En el caso del hombre, suele referirse este problema con la disfunción eréctil y problemas de eyaculación precoz. También los estudios indican que la mejor terapia para revertir este problema es la estimulación, la que proporciona predisposición al coito. Muchas veces creen los hombres que la mujer está dispuesta a todo momento, que deben sentir lo mismo que él en ese instante. La mayoría acepta porque es su pareja, sin llegar a disfrutarlo. No seamos egoístas, démosle a la mujer un tiempo para sentir caricias, besos y juegos previos que levantarán su autoestima y confianza para satisfacer también a su pareja.

Aunque suene duro con mi género, el hombre no sabe cómo satisfacer a una mujer. Hay contadas excepciones, de eso estoy seguro. Regularmente le echamos la culpa al estilo de vida que llevamos: el cansancio, la bebida, la ingestión de medicamentos que nos bajan el rendimiento sexual. Y si tu mujer es de aquellas que exigen todas las noches pasar por el cajero, tienes que afrontarlo como todo un hombre: ve a la farmacia a que te mediquen Viagra y demás genéricos del compuesto para alzar vuelo y planear sin problemas por el "túnel del amor". De lo contrario, empiezan a experimentar con su propio cuerpo o se involucran con alguna discípula aplicada de Safo, lo que lo hace más interesante y rico en contenido. Sin contar con los problemas de disfunción eréctil o del cansado "mete y saca", el placer entre dos mujeres es dosificado, saben dónde tocar, con qué jugar, generalmente con un dildo, el que mantiene la firmeza para manipularlo a su antojo en cada orificio que desea ser explorado. Y alcanzan no uno sino varios orgasmos mucho más suculentos que los que pudieran encontrar en un hombre.

El arma secreta del hombre, en estos casos, es la lengua. El famoso cunilingus puede ser toda una experiencia para ambas partes. Muchas mujeres alcanzan el orgasmo con tan solo practicarlo, pero hay que saber hacerlo. Mi abuelo, que en paz descanse, era todo un conocedor de esta técnica; era muy bien cotizado hasta llegada su vejez. "Viejito sopero" le decían las que lo conocían. Y se había ganado muy bien aquel apelativo. Modestia aparte, he seguido sus enseñanzas al pie de la letra. Sin embargo, no todos son capaces de apoderarse de esta técnica, tal vez relacionado con el tema de la higiene y de las cosas "contra natura" que una persona moral condena por el prejuicio, la vergüenza y el "qué dirán". Es tan natural como una mujer que practica el felatio, unas con más maña que otras, que difícilmente podrán desligarse de su cotidianidad y uso para fines terapéuticos. Un 69 es la clave para mantener viva la llama de la pasión y del deseo.

Hay que conocer nuestro cuerpo. Empezar por explorarlo y reconocer qué partes son las más sensibles y erógenas, es el principio de una mejor calidad sexual, que nos ayude a cruzar obstáculos y salir del tabú que la sociedad hipócrita nos quiere imponer. La sexualidad es tan normal como disfrutar de una cena o de una película. Si esta noche se sienten afortunados, vayan con su pareja al paraíso y déjense envolver por el deseo, la pasión y el amor.

lunes, 9 de enero de 2012

El tamaño del pene ¿importa?

En algunas culturas el símbolo fálico representa fertilidad, fuerza, estatus, dominio sobre la tribu. Hoy en día, significa casi lo mismo. Quien se haya visto frente a un espejo es probable que tenga en claro que lo que tiene entre las piernas es una herramienta útil para alcanzar renombre y una destacada e impresionante tarjeta de presentación. No siempre es así. A veces se confunde proporción con virilidad. "No importa el tamaño del barco, sino la pericia del capitán", pregona una clásica frase. Un hombre bien dotado es bien visto en la sociedad, mientras que uno que tiene el miembro pequeño o promedio, se siente cohibido frente a una mujer. Si a esto le agregamos los trastornos psicológicos o fisiológicos que producen la disfunción eréctil, es necesaria la intervención de un especialista que solucione el problema de inmediato.

Muchas mujeres fantasean con el tamaño del pene. Es innegable que para ellas es un deseo natural que encienda sus emociones; de lo contrario, si su pareja no cuenta con ese requisito, a lo mucho va a provocarle una leve sonrisa o se conformará con lo que tiene. Una mujer se siente atraída por hombres bien dotados, pero resultan siendo una nulidad en la cama, porque no llegan a satisfacerlas del todo. En cambio, la ventaja de un "mocho" es que encuentra una serie de elementos y accesorios extravagantes para hacer del coito el más inesperado y enriquecedor que pueda ofrecer a una dama exigente. No podemos negar que la imaginación juega un rol importante en la vida de pareja. Una mujer guapa, camina de la mano con un tipo nada agraciado físicamente, y se les nota que son el uno para el otro, es porque el tipo tiene lo suyo. La química entre ellos es pura. Ese es otra de las ventajas y los propósitos de encontrar a su complemento.

Según las estadísticas, a muchos hombres sí les importa el tamaño del pene. Es un requisito para sentirse seguros. Y según la raza, el miembro varía considerablemente. Es ahí donde surge el mito de los hombres afroamericanos, que tienen una tercera pierna de inquietantes longitudes. Pero también hay ejemplos entre los caucásicos. Un caso en particular era el de John Holmes, el famoso actor porno de los setenta y principios de los ochenta, cuyas elecciones de reparto y de género lo llevaron a morir de sida en 1988, y que por cubrir las apariencias dijeron que fue cáncer al colon. El tipo se manejaba un tremendo falo que ganó fama mundial en la industria del entretenimiento para adultos. Aunque se desconoce las medidas exactas de su herramienta de trabajo, muchos de sus colegas de aquel entonces aseguraron que medía cerca de 28 cm.

El pene no debe ser impedimento para hacer feliz a tu pareja. La confianza y la entrega que puedas dar será recompensada con la fidelidad y momentos de gran soltura. ¿A qué quiero llegar con todo esto? No lo sé. Seamos más creativos, más decididos. Hacer gozar a una mujer no es sinónimo de penetración. La penetración es el cenit del sexo. La exploración erógena es fundamental para alcanzar el máximo disfrute. No te sientas mal si tu pene no mide como el de John Holmes, Rocco Sifredi o Ron Jeremy. Sé un semental con todas las cualidades que puedas tener. Hay días buenos y días malos. Pero lo importante es disfrutar de los placeres carnales como Apolo en el Olimpo.

domingo, 8 de enero de 2012

ELVIS: El rey aún vive

Cuando John Carpenter llevó a la pantalla Elvis, en 1979, creó toda una corriente de fanáticos que supieron de la existencia del mítico Rey del Rock. Era imposible que alguien venido de un pueblito llamado Tupelo, en Misisipi,  pudiera romper todos los esquemas de aquella música emergente llamada rock and roll. Sus movimientos de cadera, que electrizaban a la platea femenina, era mal visto por la conservadora sociedad estadounidense, prohibiendo que sus vaivenes de pelvis fuesen televisados o suprimidos por la autoridad en cada concierto posterior que ofrecía en medio de una América religiosa y decente. Pero cuando arribó a Nueva York, en 1956, su éxito fue tal que en tan solo dos años de iniciada su carrera musical, era condecorado como el Rey. Al principio, no creían que Elvis fuera blanco, pues, su voz jugó un papel importante en su lanzamiento. Fue lo que le dio fama y fortuna. "El hombre blanco que canta como negro", como fue conocido en sus primeras grabaciones, profetizaba el surgimiento del cantante carismático, asediado por las gruppies y celebrado como un rock star de nuestros tiempos.

La crítica no era benigna con su talento; pero supo ganarse un sitio en el Salón de la Fama y seguir siendo el artista más rentable luego de fallecido. Sin él la música popular no trascendería como lo ha hecho ahora, la industria no lanzaría cantantes como lo está haciendo ahora. Y la lluvia de imitadores que pululan en el ambiente es síntoma de que respetan al hombre y valoran lo que ha hecho por ellos.

Kurt Russell fue el primero de una larga lista de actores que lo interpretaron en pantalla. Unos más o menos convincentes. La fuerza y vitalidad esenciales para conquistar al público lo demostraba en cada una de sus presentaciones en Las Vegas, escenario para algunos artistas como su "muerte en vida", ya que llegar a la "tierra de las apuestas" era el final de una carrera ejemplar. No, gracias a Elvis los espectáculos fueron más sofisticados, suntuosos, cotizados, de primer nivel. Ya nadie puede negar que fue un visionario y un modelo para futuras generaciones que admiran su trabajo y recuerdan con optimismo una época inocente que se volvió salvaje y desinhibida.


Hace 76 años, un 8 de enero de 1935, Elvis Aron Presley vio la luz sin tener en claro qué era lo que el destino le tenía preparado. Pero cuando su padre le regaló una guitarra por su cumpleaños número 13, supo entonces qué era lo que anhelaba. Esa guitarra sería su fuente de inspiración que lo llevaría por veinte años a la cima del mundo. De no ser por la ambiciones de su mánager, el inefable Coronel Parker, que controlaba hasta las anfetaminas que consumía, Elvis hubiera alcanzado un mejor registro como actor. Sus canciones ya no eran las mismas desde que The Beatles marcaran otro rumbo en la música, y repetir sus éxitos no era del todo agradable para un treintañero como él. Su consagración como intérprete dramático hubiera estado, tal vez, recompensado con un Oscar, gracias al compromiso y la confianza de Barbra Streisand en la nueva versión de A star is born. Por desgracia, Parker hizo todo lo posible por desembarcarlo de aquel rodaje, porque sabía que su trabajo terminaría ahí y dejaría de percibir los cuantiosos porcentajes de su patrocinado. Dicho papel fue a caer en manos de Kris Kristofferson.

De todas las películas que hizo, la mejor fue King Creole, de Michael Curtiz (1958), quizá porque el director supo imprimir a Elvis la carga emotiva y la naturalidad como enfrentaba a la cámara y a sus antagonistas. Al lado de Caroline Jones, Walter Matthau y Vic Morrow, este clásico no solo es una ramillete de buenas canciones, sino de una actuación lúcida, solvente y madura como lo demostró en Jailhouse rock, de Richard Thorpe (1957). Si le hubieran proporcionado buenos directores y mejores libretos, la historia sería otra.

¡Larga vida al Rey!


sábado, 7 de enero de 2012

Lo que ELLAS piensan de ELLOS

Hace unos días, invitado a una de mis acostumbradas reuniones de confraternidad, mientras deambulaba por el gran salón en busca de un trago, sin que nadie me prestara la más mínima atención, no pude evitar escuchar las conversaciones de algunas personas. Los temas eran variados, desde política hasta el último hit de Katty Perry. Como era habitual, los hombres brillaban por su ausencia y debo recordar que es cierto eso que dicen que "por cada hombre hay siete mujeres (más un gay y un enano)". Pero aquí se multiplicaba por cuatro la presencia femenina que, dicho sea de paso, era mejor para el ojo masculino. Lo interesante del asunto es que muchas de las damas reunidas tenían un concepto definido de lo que era un hombre. Para ellas, claro está. Más interesante aún cuando hablan por rencor o por efecto del alcohol.  Y si de alcohol se trata, lo primero que se les viene a la mente al referirse a un hombre es el de ser borracho. Desde los comienzos de la humanidad, el hombre se embriagaba para rendir tributo a los dioses o celebrar una victoria en el campo de batalla. Aquí no ocurre eso, cualquier ocasión es ideal para sucumbir ante los deseos de Baco: cuando pierde su equipo favorito, cuando gana su equipo favorito, cuando el hijo o la hija se gradúan, cuando se casan, cuando se divorcian, cuando va preso, cuando sale de la cárcel. No hay un solo día que no sea pretexto para empinar el codo. Y eso es lo que detestan las mujeres.

El hombre no es perfecto, eso lo sabe todo el mundo. Si fuera perfecto no necesitaría de una mujer para buscarle sus calcetines. El hombre depende mucho de la mujer, y eso no lo puede reconocer; pero también hay mujeres que son permisibles ante tanta calamidad junta. Una madre protectora, que le sirve la comida en la cama, que defiende sus intereses ante una de esas aprovechadas que solo buscan su dinero -¿cuál dinero?, si lo único que tiene es la mesada que recibe mensualmente para que siga haraganeando-. Para estas madres sus hijos son perfectos, son un pan de Dios. Y si la nuera dice todo lo contrario, patitas para qué te quiero. Arde Troya, mientras el gil no deja de ver la televisión y comer el pollo Kentucky del día anterior.

El hombre es irresponsable, machista y palabreador. Es el rey de los adjetivos subidos de tono para calentar a un mujer inocente e inmaculada. Pero las más avezadas no caen en sus redes, son ellos quienes caen con sus encantos de sirena, seducidos por su cuerpo y lujuria que brota de sus poros. Claro, después de varias cervezas encima, le quitan hasta el llavero de Mickey Mouse que cuelga de sus bolsillos. Como él no hay otro, puede hacer todo lo que le plazca fuera de la casa; pero en ella, es una mansa palomita que tiene que lavar los platos y barrer la cocina después de comer.

Es un trofeo para algunas y un consolador para otras. Es una pieza intercambiable que sirve en ocasiones especiales y que solo funciona una sola vez hasta que las baterías se recarguen luego de un par de horas de uso. Puede que hayan conquistado el mundo, pero una mujer es un arma letal hasta para el más sanguinario de los gobernantes. Son manipulables, alienados; así tengan 50 años, quieren lucir como Justin Bieber. Cuando no pueden con una mujer madura, tienen que corretear a jovencitas que podrían ser sus nietas, porque saben que eso les da cierto "prestigio", así les haga solo cosquillas con su "pellejito" mal circuncidado.

Son niños grandes. O debería decir solo niños. No pueden evitar seguir persiguiendo sueños, chicas, dormir hasta tarde un domingo soleado cuando su pareja está lista desde las seis de la mañana para ir a la playa. No es nada romántico en una fecha especial; no es atento ni cariñoso, solo se sirve la ensalada como si le estuvieran haciendo un favor. No presta atención cuando una mujer le habla, ni siquiera es comedido para ayudarla a cargar los paquetes del supermercado; lo primero que hace es recoger el six pack de cerveza y echarse un juego de damas chinas con el gordo de su vecino, que casi está viviendo con ellos porque su mujer no lo soporta.

Son inútiles arreglando la luz de la casa. Cruzan los cables y no ofrecen garantías para encender la lamparita del estudio. Los hombres no comprenden a las mujeres, cuando dicen que han subido una talla más de pantalón. Al hombre no le importa engordar, porque eso le da estatus de hombre de la casa, que es bien alimentado por su cónyuge. Pero eso es sinónimo de "chelero", y no quiere aceptarlo.

El hombre vive del pasado. Recuerda con mucho cariño su primera borrachera en su fiesta de graduación, pero borra todas las cintas de VHS de su matrimonio para grabar sus partidos de fútbol y piensa que debió quedarse en 1985. ¿Quién se cree, Marty McFly?

El hombre piensa en sexo veinte horas al día. Es un consumidor nato de pornografía y un hábil cineasta, porque graba a escondidas sus sesiones amatorias con sus ocasionales concubinas y al poco tiempo las cuelga en Cholotube para deleitarse él mismo de sus chaplinescas hazañas. Y si no tiene con quién, bueno, ahí pondrá en funcionamientos sus habilidades simiescas que le depararán buenas reseñas: "Oye, Pepe, veo que estás yendo mucho al gimnasio. Las pesas te sientan bien". El problema es cuando una de estas féminas entra por casualidad a esta página y se encuentra a ella misma haciendo esas cochinadas inclasificables; o, de lo contrario, ver a su mejor amiga propinándole un felatio a su novio.

"Los hombres solo sirven para estorbar", escuché decir a una de estas conocedoras del alma masculina. La otra le contradijo, que no debería ser tan mezquina en sus apreciaciones. Hay hombres buenos, dulces, serviciales y muy amorosos. "Eso será en tu pueblo, querida; aquí abundan los imberbes", protestó la otra.

Sin embargo, aunque tengan opiniones encontradas, la mayoría de hombres son un desastre. Pero no pueden negar que son tipos que merecen toda la consideración del mundo por tener una neurona menos que la mujer, que de por sí ya es un lisiado perenne. La mujer, en cambio, se jacta de ser independiente, tenaz, decidida y organizada, pero siempre comete el error de enamorarse de uno y hacer de su vida un pie de manzana recién horneado.